miércoles, 4 de julio de 2012

Naranja cobrizo, casi rojo

Ha sido un día agotador. Demasiado largo para lo que hubiese querido. Todavía no tengo un hogar donde ir a descansar y purgar mi espíritu para otro nuevo día. Solo me queda el camino de vuelta desde el trabajo en mi coche escuchando música.
La verdad es que no tengo ganas de llegar a casa, es demasiado temprano para volver a encerrarme entre cuatro paredes que cada día me consumen más y más. No se que hacer, parece que el coche tiene puesto el piloto automático y que se sabe el camino de vuelta sin necesidad de ser conducido. Pero no tengo ganas de llegar, todavía no puedo.
Intento tomar las riendas de mi conducción, pero tampoco lo consigo, no se hacia donde me dirijo, no se cual es mi destino ni lo que me espera, simplemente conduzco a la espera de ver cual es el punto de llegada.
Ni hizo falta mucho, iba buscando mi tranquilidad, mi sosiego y una parte de mi que nunca dejé ni estando a más de trescientos kilómetros de distancia. Me sentí como las aves migratorias que vuelan por instinto sin perder el rumbo hacia mejores lugares, donde sentirse seguros.
Cuando llegué era naranja, cobrizo casi rojo. Reflejaba sobre una basta extensión de arena mojada, plateada y biselada. Bajaba lentamente, convirtiéndose cada vez mas en una impresionante imagen roja que se iba hundiendo poco a poco en horizonte. Paré el coche, deje puesta la radio, seguí escuchando música, siempre la música, y con él, con su desaparición, cada vez más intensa de color, se fue hundiendo también mi día, mi hastío, la desgana y el cansancio. Enterré el día, como se perdía el sol en la lejanía, y así, sin querer, dejé de lado todo, me reconcilié conmigo y me fui de nuevo a buscar otra noche que dará paso a otro día agotador.



jueves, 26 de mayo de 2011

Una de rings y boxeadores...

La verdad es que llevo tiempo queriendo escribir sobre cosas agradables, pero me resulta casi imposible, y no será por falta de ganas. Pero como digo, ya no es cosa mía, porque parece que siempre que uno piensa que no puede ir algo a peor, se derrumba esa idea, y se va a peor, siempre.


También puede ser que el estado anímico influya en ver siempre la botella medio vacía en vez de llena. Pero claro, el boxeador fajador, que recibe golpes y se defiende constantemente, llega un momento en un combate que ya no puede recibir golpe alguno, porque lo tumban. Pues así me siento yo ahora, como ese boxeador, que se ha fajado en muchos combates y que creía que los estaba ganando, bien a los puntos o por casi KO, y ahora veo que no es así, que el combate se me ha vuelto en mi contra.


Esta claro que la vida no está hecha para las personas que pensamos en general y no en particular. Es bastante evidente que todos piensan primero en si mismos, después en ellos, y luego en ellos también, y si les queda la más mínima capacidad de pensar en alguien más, piensan en ellos por si acaso no han pensado ya bastante.


Da igual lo que hagas por los demás y más aún, si lo que haces es sin esperar nada a cambio, porque después cuando necesitas de algo o de alguien te das cuenta que lo que pensabas que era una amistad, no es más que una simple máscara. Que los saludos y comentarios, son meras formalidades, que a la hora de la verdad no valen para nada, que no cuentas para nada.


Por supuesto, te das cuenta que el boxeador encajador no vale, que tienes que pasar al ataque, como hacen todos, que solo les importan sus interes, que lanzan como crochés de izquierda o directos al mentón para que en cualquier momento te puedan lanzar el gancho que te deje KO para siempre, o por lo menos en el supuesto combate que estás disputando.


Bueno, lo dejo por hoy, y espero que el próximo día pueda escribir algo más agradable...

viernes, 6 de mayo de 2011

Nuestras bondades..

No soy yo una persona que crea mucho en las bondades del ser humano, la verdad. Cada vez pienso más, que no somos hijos de ninguna creación divina a la cual nos parezcamos ni en imagen ni semejanza, porque si es así, nuestra imagen especular en la que vernos parece que también deja mucho que desear.

No creo en que el hombre sea bueno por naturalez y que se va corrompiendo conforme pasa el tiempo, más bien al contrario, creo que el ser nace malo y solo algunas excepciones son los bondadosos. Serían como las ovejas en un mundo de lobos.

No miramos por nadie más que por nosotros mismos, y a los que hacen por mirar un poco por los demás, solemos pasarles por encima. Si alguien nos da la mano o tu la tiendes alguna vez para ayudar al prójimo, lo más probable será que te lleves la gran sorpresa del rechazo de esa ayuda. Con los tiempos que corren no puedo creer las situaciones que estoy viviendo en primera persona y viendo como observador en otros casos.

En una época en la que el trabajo escasea, y no es precesimente fácil trabajar. Estoy viendo como algunas personas con pequeñas empresas están haciendo grandísimos esfuerzos para poder mantener e incluso incluir más personas de las que le son estrictamente necesarias, dejando de ganar parte de sus beneficios para dar un poco de dignidad a algunas casas que la habían perdido toda por culpa del desempleo de los miembros del hogar. Y lo único que están encontrando por respuesta es el aprovechamiento, el engaño hacia su persona y los demás compañeros.

Este tipo de personas, que terminan siendo despedidas, no tienen valores, no saben apreciar el esfuerzo de las personas. No son capaces de darse cuenta de lo que están haciendo y lo tiran todo por la borda a las primeras de cambio. Hoy en día es dificil encontrar trabajo, y mejos aún, encontar buenos empresarios, pero claro, cuanto más pasa el tiempo, más rancios y retorcidos se vuelven porque han ido viviendo situaciones como esta.

No creo que este mundo esté hecho para las personas que quieran ser buenas ni intenten ayudar a nadie. Para mi ayudar no es dar propina, es poder dar un trabajo digno, con el que poder vivir, y si te lo dan, no lo desaproveches. Seguro que hay de todo en la viña del Señor, pero por desgracia creo, que sobre todo hay mucha cepa podrida.

jueves, 21 de enero de 2010

El tiempo...

Desde hace tiempo he estado buscando un momento para poder volver a escribir, pero el tiempo no lo podemos usar y administrar como nosotros quisieramos. Pasa, sin ningún tipo de piedad, y no nos deja la más mínima oportunidad para la reacción.

Los momentos de soledad han pasado, y la compañía de la gente a la que quieres hace llevadero el día a día. Un paseo por esas callejuelas, te revive un poco cada vez, y aleja los fantasmas que rodean un pasado esperpéntico, y un presente incierto. Ya se va acercando la primavera, aunque a vece parece que todavía estemos en todo el esplendor del invierno, las tardes se alargan y en cuanto las nubes dejan entrever cuatro rayos de sol, las calles se llenan de vida y alegría.

El tiempo, lo cura todo, o al menos, casi todo, aunque la añoranza de tiempos pasados siempre queda, ese presente que parecía incierto, va tomando forma y el futuro dibuja una sonrisa en tu cara. No se cuanto tiempo durará este estado, espero que más que una primavera.

jueves, 21 de mayo de 2009

Volver

Hacía tiempo que deseaba volver a mi tierra. Tenía ganas de disfrutar de tantas cosas, que a veces esas ganas se volvían en mi contra, arrastrándome a un torbellino de emociones que hacía que la sensanción de bienestar fuese tornándose en melancolía y en ocasiones, hasta en deseos enfermizos.
Ahora puedo volver a tener la dicha de poder pasear por la orilla de una playa que, cuando está aún humeda, entierra tus pies en esa arena, relajándote con cada paso que das. Sentir el viento de levante o poniente en la playa y que haga que impregne de olor a sal tu piel y las telas de tu ropa, llevándote el aroma que nunca dejé de percibir, aunque estuviese en la lejanía. Ver enrojecerse en cielo, y un sol que no quiere desaparecer tras las últimas olas de la mar. El color plateado del agua cuando refleja el sol, o cuando la luna ilumina esa misma marea en la oscuridad de la noche.
Pasear y pasear, respirar un aire no tan viciado, tener otro ritmo de vida diferente, no depender de nadie, disfrutar de un vaso de vino o un café en una terraza, minucias que hacen que se conviertan en un tu interior en cosas grandes, que sin saberlo, te van dando la vida, esa que casi se puede llegar a perder por la falta de esos pequeños detalles.

martes, 13 de enero de 2009

Insensible

Creo que la edad te está haciendo insensible...,esa frase lapidaria me la dijeron no hace mucho. Yo, para variar, lo debatí y rebatí hasta la saciedad. La edad no me está haciendo insensible, creo que el paso del tiempo, las experiencias y sobre todo, lo que la sociedad te devuelve de una u otra manera, hace, si eres capaz de aprovecharlo, que seas capaz de madurar, ir acorde con tu edad y distiguir las cosas que de verdad tienen importancia de las que no tienen el más mínimo interés.
Es posible que todos no seamos capaces de aprovechar esas vivencias de igual manera. O quizás, no todos tenemos la misma escala de valores a la que aplicar esos conocimientos empíricos, aprendidos como se aprendía en la lejanía de los tiempos, basándonos en el error-castigo, acierto-premio, manteniendo así el más animal de nuestros instintos.
Demasiado tenemos ya en el día a día, sin buscar nada, como para perder el tiempo en enfadarnos porque la mañana ha amanecido lluviosa, o el cristal del coche no se desempaña, o el vecino no te ha saludado...todo tiene la importancia que queramos darle. Las personas, las cosas son lo importante que nosotros queramos que sean. Hace tiempo que dejé apartado de mi lista de prioridades el perder el tiempo con ese tipo de cosas. Prefiero ver el vaso medio lleno al medio vacío, a la niña que sonrie antes que al vecino cascarrabias, al suave y penetrante olor de la lluvia antes que el estropicio de no poder colgar un lavado...
Espero que si alguna vez cambio de verdad, que sea para convertirme en una buena persona, y que no sea insensible, que me sigan emocionando las cosas que tengo en mi escala de valores.

lunes, 1 de diciembre de 2008

En estas fechas

Como cada vez que se acercan las fechas navideñas, el hombre se vuelve humano, y en nuestra consciencia empiezan a aparecer las personas desvalidas y los necesitados. En estas fechas los medios de comunicación hacen el mismo ejercicio que el ciudadano de a pié para lavar lo más profundo de su ser, nos acribillan con maratones de solidaridad y buenas intenciones.
Todo esto hace que estas fiestas se conviertan en algo un poco patético, incoherente, y si me apuran, casi falto de escrúpulos. Mientras que en el salón de nuestra casa nos estamos atiborrando de mantecados, pechugas de pollo (o conejo según como está la economía...), etc, viendo un maratón para recaudar fondos, en los que todos los invitados ponen su cara y nos muestran sus mejores galas en escenario que puede ser de todo menos austero y acorde con lo que se está haciendo, pensamos que nuestra consciencia o nuestra alma estará limpia de pecado si llamamos y donamos 10€. Ese es el precio que pagamos al año para tener otro año íntegro para no pensar en los demás.
Posiblemente, sería más humano el pensar los motivos que mueven a los medios de comunicación para que den una noticia o la callen. Sería más humano pensar las razones que han tenido las televiones para callar las dos guerras que se han producido en el Congo, por ejemplo, en los últimos años. Solo sale cuando interesa. No interesa decir que es un pais que surte al primer mundo de todo lo que consumimos (materias primas para MP3, MP4, pantallas planas, LCD´s...), o por qué no hablan de las condiciones en las que están los niños en los países asíaticos trabajando para grandes firmas, o la situación en la que se encuentran en la India, y así sucesivamente.
Pero a estos medios de comunición les sale muy barato limpiar sus imágenes, un anuncio en horario de mínima audiencia y un programa en unas fechas que no saben que poner en la parrilla les es suficiente.